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De la cuartilla a la pantalla

De cuadratines a pixeles, de papel bond a 72 dpi. (Fotocomposición hecha con fotos de Jakub Krechowicz y Billy Alexander)

 

La cuartilla fue por muchos años la medida física de escritura periodística, plasmada en papel bond o revolución, de las redacciones. Desafió a la etimología, pasó de ser la medida del texto por hoja para convertirse en el medio en el que escribían los periodistas sus informaciones. Transmutó a trozo de papel en el que podían leer textos al dictar por teléfono a un receptor humano que reproducía en su máquina de escribir lo que le indicaba, o bien fue el elemento que un transmisor de telex leía y pasaba a las redacciones de diarios, o el alimento constante de los cables de agencias informativas o, en épocas más modernas, la hoja que se enviaba de un fax a otro. La cuartilla, entonces, fue la piel del reportero, como lo fue para los fotógrafos el papel de impresión. Por muchos años se escribió por cuartillas la historia del mundo.

Pero las cuartillas, ahora, han pasado a ser historia del mundo. En estos días tenemos contadores de palabras y de caracteres. Contamos con modernos procesadores de texto y una infinidad de formatos para escribir. Lo hacemos siempre viendo una pantalla que es la parte gráfica de nuestras computadoras.

En una cuartilla de papel las negritas se ven así, y en una pantalla de PC, laptop o tableta se ven así. ¿Cuál es la diferencia? Aunque parezca real es verosímil porque atrás, en la parte que a nosotros como periodistas nos interesa saber en HyperText Markup Language (HTML) <strong>se ven así</strong>. La diferencia entre ambas es que para que ocurriera el milagro de las negritas en un papel bastaba con repasar nuevamente y más dureza las teclas de nuestra palabra. No teníamos que hablarle a un técnico para que lo hiciera porque “los periodistas sólo deben escribir” y no estos asuntos nimios que otros, los técnicos, deben saber. En el periodismo digital sí le pasamos nuestros textos a un técnico para que lo ponga en negritas al publicarlo. O bien, lo hacemos con el botón respectivo sin saber qué pasa o qué hay detrás de todo.

Aprender a escribir corchetes HTML en nuestros textos no es optativo porque ignoramos un principio básico en la escritura digital. Debemos saber a trabajar nuestros textos en el hipertexto o en una plantilla HTML para publicar sin errores técnicos. Copiar y pegar un texto no es fácil. Hay procesadores que se leen distinto al copiar en una plantilla HTML.

Por ejemplo, la foto principal (arriba) de esta guía en HTML se lee así (asunto que a muchos les causará asombro y terror):

En una primera vista se antoja un camino complicadísimo y sólo para eruditos, pero nada que no sea comprensible si aprendemos a leer en HTML y los alcances que podríamos lograr al dominarlo. Una vez que educamos nuestra lectura, sabemos qué quitar y qué poner cuando corregimos directo en el texto para evitar complicaciones y producir un hipertexto más puro. Algunos me han dicho que es una exageración lo que planteo pero siempre menciono el cómo es que anteriormente los periodistas sabíamos diferenciar de un tipo de papel a otro, de una película fotográfica a otra, de un casete a otro, y por entonces siempre nos resultó muy difícil. No se diga la transición del uso de computadoras para abandonar las ruidosas y arcaicas máquinas de escribir. Un corredor de automóviles conoce el funcionamiento del motor, el tipo de llantas que más le conviene y la pista donde correrá. La especialización de cada profesional, de cada periodista, es inversamente proporcional a sus necesidades personales. Por ejemplo, un editor de diario digital deberá conocer más de HTML que un periodista que provee de información e historias al medio.

Por eso el periodismo digital no sólo se reduce al uso de programas y herramientas, sino al dominio y modificación de la tecnología para realizar proyectos directa o indirectamente. Un director de orquesta conoce bastante de música para llevar a todos con un simple movimiento de batuta. Pero si no tiene educación musical ni el lenguaje de los músicos, difícilmente podría conducir algún alegro. Ese ha sido el problema principal de los periodistas ante la tecnología. Si no aprendemos terminamos escribiendo al estilo cuartilla sobre la pantalla.

En 2004 un veterano caricaturista que jamás había hecho un trazo en computadora lo enseñé a usar algunos elementos básicos de manipulación de imagen. En poco tiempo, algunos cuatro meses, había desarrollado una habilidad asombrosa con el lápiz digital y colores, ya sabía de formatos y paletas, etcétera. Me dijo por esos días: “Te confieso que me daba terror la computadora. Pero cuando te digo terror es que me temblaban los píes”. La clave estuvo en enseñarle el por qué funciona tal o cual programa. Él aprendió en un sistema Linux y programas vectoriales y de manipulación como el GIMP, y en su trabajo usó Windows y el archireconocido Photoshop. Pasó del papel a la pantalla.

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